MAR DEL PLATA.- Ayelén Rolando tenía grandes sueños, entre ellos su cumpleaños de 15 que planeaba con una fiesta bien divertida. Pero anteanoche se desmoronaron para siempre en un pasillo de la casa. Allí estaba tirada, con marcas en el cuello y la ausencia de elementos para ahorcarse que descartaban de plano el suicidio. Confirmado como un caso de homicidio, la muerte de esta adolescente de 14 años ubica pronto entre los pocos sospechosos a su hermano de 16,el único que la acompañaba por esas horas.
Los médicos forenses certificaron que la menor fue estrangulada y confirma que no hubo algún tipo de abuso previo. De la autopsia, que se realizó ayer en el Hospital Municipal Ramón Santamarina, el mismo donde la madre de Ayelén trabaja como mucama, surge además un pequeño golpe en el rostro que podría ser compatible con la caída del cuerpo contra el piso.
El dato más relevante es que el crimen se habría cometido mientras su hermano estaba en la misma vivienda. El adolescente asegura que él ya dormía y recién descubrió el cadáver cuando fue a buscar a Ayelén por pedido de su padre, preocupado porque había pasado unos minutos antes de las 21 por ese domicilio y nadie había atendido la puerta.
Los investigadores tomaron nota de un detalle muy particular comentado por algunos allegados a la víctima: ambos hermanos tendrían costumbre de jugar a asfixiarse mediante presión en el cuello con las manos. En cambio, el padre habría apuntado hacia un parapsicólogo que frecuentaría el domicilio donde viven sus hijos con la madre, de la cual está separado.
El fiscal Luis Piotti, a cargo de la Unidad Fiscal de Investigaciones, tomó nota de estos comentarios y pidió el relevamiento de una suerte de santuario que se había montado en la casa de la familia de Ayelén. Intenta evaluar si la muerte de la menor pudo haber estado vinculada a algún tipo de ritual. También puso la mira en el teléfono de la menor y su intervención en redes sociales, a la búsqueda de contactos y datos que puedan sumar a la causa.
La chance de otros posibles autores, en particular ajenos a la familia y su entorno más íntimo, parece escasa, en razón de que en el inmueble de la calle Brandsen al 300 no había evidencias de aberturas rotas o forzadas. Los vecinos aseguraron que tampoco escucharon ruidos ni vieron movimientos sospechosos.
En la Unidad Fiscal de Investigaciones N°3, con el aporte del personal de la Delegación Departamental de Investigaciones, se le tomó declaración testimonial al hermano de la víctima. Fuentes consultadas por LA NACION destacaron que el menor, al momento de responder preguntas, habría incurrido en algunas contradicciones.
Si ambos hermanos estaban solos en la casa, el adolescente dormía -como aseguró desde un primer momento- y no hay evidencias de ingresos por la fuerza, para los investigadores la única chance para la intervención de un tercero es que haya ingresado porque la víctima le abrió la puerta. Y en ese caso sería alguien a quien conocía.
Para descartar hipótesis y sospechosos serán fundamentales los peritajes que se realizaron tanto anteanoche como ayer en el inmueble. El fiscal Piotti esperaba esos resultados para orientar con mayor firmeza la pesquisa.
Desde un principio se descartó el suicidio, ya que Ayelén no había evidenciado ninguna señal de crisis o conflicto que pudiera llevarla a tan drástica decisión.
Por el contrario, sus compañeras del Colegio Polivalente de Artes, en el que cursaba sus estudios de nivel secundario, destacaban que ella estaba muy entusiasmada con la programación de su fiesta de 15 años.
El caso generó conmoción en la comunidad tandilense y en la escuela de Ayelén se suspendió ayer el dictado de clases. En las redes sociales, sus compañeras volcaron no sólo su afecto por su amiga sino también que se esclarezca el crimen.
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